Recientemente hemos tenido dos casos de necropsia curiosos…y trágicos. El primero corresponde a una gato huido de casa durante unas horas y reencontrado con un cuadro de hipersalivación y náuseas. El animal ingresó ya cadáver en la clínica. La sorpresa vino al analizar el contenido gástrico: cuatro orugas semidigeridas de Procesionaria del pino (Thaumatopea pytocampa). Ya es difícil que un gato intente comer una oruga (generalmente tan selectivos con lo que comen), pero más difícil es aún que las ingiera. La toxina de Thaumatopea, la taumatopeína, es una haloproteína que induce liberación de histamina. La muerte puede sobrevenir por asfixia si existe edema glótico severo o por una cuadro de CID secundario a reacción de hipersensibilidad aguda.
El segundo caso es totalmente distinto, pero curioso también. Procede de un cachorro de Bulldog francés ingresado por cuadro disneico agudo que no responde a la terapia. El hallazgo de necropsia fue una espectacular impactación gástrica sin obstrucción pilórica, derivada probablemente de una ingesta frenética. El estómago comprimía la caja torácica, desplazando el diafragma cranealmente y comprimiendo ambos pulmones.

Cuatro orugas semidigeridas procedentes del estómago de un gato.

Severa distensión gástrica e impactación de material alimentario. La pared gástrica se hace semitransparente y revela un contenido granulado, seco. A la derecha se aprecia el duodeno, en el cuál no existían evidencias de obstrucción.