Las neoplasias traqueales son poco habituales en animales domésticos. Se han descrito carcinomas (adenocarcinomas, carcinomas escamosos), neoplasias de célula redonda (linfomas, plasmacitomas, mastocitomas), y sarcomas. Entre estos, hay descripciones de rabdomiosarcomas, osteosarcomas, fibrosarcomas y al menos una descripción de condrosarcoma.

Fig. 1. Proliferación de tejido condroide con áreas laxas de predominio matricial y focos de mayor densidad condrocítica.

Fig. 1. Proliferación de tejido condroide con áreas laxas de predominio matricial y focos de mayor densidad condrocítica.

El caso que traigo hoy es precisamente un condrosarcoma procedente de un American Staffordshire Bull Terrier de unos 8 años afectado por una nodulación traqueal de la cual es intervenido.  La biopsia quirúrgica es remitida después de haber sido extirpada completamente, en forma de nódulo  irregular de consistencia dura, blanquecino, de 1,5 x 0,5 cm.

Histológicamente resultó ser una neoplasia de origen condroide (Fig. 1), a primera vista bastante bien diferenciada pero con algunas imágenes suficientemente sospechosas como para clasificarlo finalmente como condrosarcoma y no como condroma.
Para empezar, si bien la celularidad aparece globalmente dispersa, existen algunos focos anormalmente densos (Figs. 2 y 3). Con cierta frecuencia se aprecian formas nucleares grandes, redondeadas, con textura cromatínica. También hay frecuentes formas binucleadas y morfologías ahusadas (spindled). En las zonas centrales de la pieza existen focos de necrosis. No se observan mitosis en ningún campo.

Fig. 2. Detalle de una zona hipercelular con morfologías celular fusiformes y formas poliédricas de núcleo proporcionalmente grande, hipercromático.

Fig. 2. Detalle de una zona hipercelular con morfologías celular fusiformes y formas poliédricas de núcleo proporcionalmente grande, hipercromático.

Debido a la poca frecuencia de los condrosarcomas y a que la mayor parte de ellos, cuando llegan a manos del patólogo, ya suelen ser formas avanzadas y claramente malignas, carecemos de una clasificación de este tipo de tumores y carecemos de unos criterios propios para distinguir las formas benignas de las malignas bien diferenciadas. Por ello se suele recurrir a la clasificación humana, donde sí existen estudios retrospectivos. Brodey, en el año 1974, aplicó esta clasificación a 35 casos caninos, de los cuales 9 se clasificaron como de grado I, 22 de tipo II y 4 de grado III.
Aplicando dicha clasificación, nuestro tumor es identificable con un grado I: zonas de elevada densidad celular, núcleos algo aumentados de tamaño, hipercromáticos, de tamaño uniforme, con formas binucleadas más o menos frecuentes. La adopción de morfologías fusiformes, la coexistencia de dos o más células en una misma celda y la existencia de focos de necrosis se consideran también criterios de malignidad.

Fig. 3. Foco de atipias leves. Además de las descritas en la imagen anterior, se aprecian en este campo tres elementos binucleados y la coexistencia de más de una célula en alguna celda.

Fig. 3. Foco de atipias leves. Además de las descritas en la imagen anterior, se aprecian en este campo tres elementos binucleados y la coexistencia de más de una célula en alguna celda.

No es infrecuente que los patólogos veterinarios nos encontremos ante la dificultad de tener que aportar información pronóstica sobre tumores de los cuales carecemos de suficiente información publicada, ya sea porque se trata de lesiones poco frecuentes o porque, simplemente, se les ha prestado poca atención. Tampoco es infrecuente que echemos mano de la información y de las clasificaciones humanas. La patología comparada tiene una larga tradición. En muchos casos la comparación es válida, y en otros se ha demostrado equivocada, o al menos necesitada de adaptaciones y matices. Pero es un recurso habitual. Basta con ver la clasificación de linfomas o de neoplasias mamarias, por citar sólo dos de entre muchos ejemplos. Para los que siempre hemos visto la Patología como un continuo entre todas las especies pluricelulares, desde la gamba hasta el ser humano, el “préstamo” de las clasificaciones no supone a priori ni un problema ni un error, siempre y cuando seamos muy conscientes en todo momento, tanto clínicos como patólogos, de que usamos un “préstamo”, una información “provisional” a la espera de una confirmación.

Fig. 4. Detalle del patrón de crecimiento del tumor, recubierto por la mucosa traqueal hiperplasiada, con focos de metaplasia escamosa e intensa reactividad de la lámina propia subyacente, con algunos focos de necrosis.

Fig. 4. Detalle del patrón de crecimiento del tumor, recubierto por la mucosa traqueal hiperplasiada, con focos de metaplasia escamosa e intensa reactividad de la lámina propia subyacente, con algunos focos de necrosis.

Con esa “provisionalidad” en mente, auguro una larga vida a nuestro paciente de hoy tras la extirpación quirúrgica completa de la lesión traqueal (los condrosarcomas humanos de grado I tienen supervivencias del 90% a los 5 años de la cirugía).

Felices Fiestas!!

• Aron D.N, DeVries R., Short C.E. (1980). “Primary tracheal chondrosarcoma in a dog: a case report with description of surgical and anesthetic techniques”. J. Am. Anim. Hosp. Assoc. Vol. 16 (1): pp 31-37.
• Brodey RS, Misdorp W, Riser WH and van der Heul null RO (1974), “Canine skeletal chondrosarcoma: a clinicopathologic study of 35 cases.”, J Am Vet Med Assoc., Jul, 1974. Vol. 165(1), pp. 68-78.
• Farese JP, Kirpensteijn J, Kik M, Bacon NJ, Waltman SS, Seguin B, Kent M, Liptak J, Straw R, Chang MN, Jiang Y and Withrow SJ (2009), “Biologic behavior and clinical outcome of 25 dogs with canine appendicular chondrosarcoma treated by amputation: a Veterinary Society of Surgical Oncology retrospective study.”, Vet Surg., Dec, 2009. Vol. 38(8), pp. 914-919.
• Flanders JA, Castleman W, Carberry CA and Tseng FS (1987), “Laryngeal chondrosarcoma in a dog.”, J Am Vet Med Assoc., Jan, 1987. Vol. 190(1), pp. 68-70.
• Hamilton JM and Kight D (1973), “Cartilaginous tumours in dogs: a description of two cases with a review of the literature.”, Vet Rec., Jan, 1973. Vol. 92(2), pp. 41-43.
• Nielsen SW (1976), “Comparative pathology of bone tumors in animals, with particular emphasis on the dog.”, Recent Results Cancer Res. (54), pp. 3-16.
• Patnaik AK (1990), “Canine extraskeletal osteosarcoma and chondrosarcoma: a clinicopathologic study of 14 cases.”, Vet Pathol., Jan, 1990. Vol. 27(1), pp. 46-55.
• Waltman SS, Seguin B, Cooper BJ and Kent M (2007), “Clinical outcome of nonnasal chondrosarcoma in dogs: thirty-one cases (1986-2003).”, Vet Surg., Apr, 2007. Vol. 36(3), pp. 266-271.