La entrada de hoy hace referencia a una patología hasta ahora infrecuente, aunque en los últimos años he ido viendo algunos casos. El actual procede de una gata de 9 años con una masa referida en la región cutánea occipital, indicándose la existencia de pequeñas nodulaciones satélite. La lesión es descrita como indolora per de rápida evolución.
En las figuras 1 y 2 puede verse la primera revelación de la biopsia: un componente inflamatorio disperso, no especialmente intenso afectando al tejido dérmico. Y una imagen fácil de ver en el perro, pero atípica para un gato. La existencia de abundantes amastigotes de Leishmania intracitoplasmáticos.

Tejido cutáneo con infiltración dérmica de célula inflamatoria dispersa, poco abundante, evidenciando la presencia de formas parasitarias puntiformes intracitoplasmáticas.

La leishmaniosis felina está causada también por Leishmania infantum, al igual que en el perro, y se transmite de la misma manera. Aunque los datos que tenemos  sobre prevalencia de la infección son muy variables, en general parece ser baja. Y el número de gatos infectados que desarrollan la enfermedad es muy reducido. Ahora la duda que se plantea es si este porcentaje está sufriendo algún tipo de incremento y, si fuera así, por qué motivo.

 

Imagen a mayores aumentos del campo anterior.

En los cuatro casos que llevo vistos en los últimos años predominan las lesiones cutáneas principalmente en la zona facial o, de forma más genérica, la zona de cabeza y cuello, en dos casos con implicación también de mucosas oculares y en uno de los casos con lesiones exclusivamente oculares.
Sobre la terapia útil en estos casos, de momento parece que el aropurinol resulta efectivo. Hará falta concentrar esfuerzos en investigar la enfermedad en el gato, especialmente si, como parece, el problema va en aumento.